Subí al tranvía
pregunté
si había empezado
el baile
las costumbres análogas
eran opulentas
lo que despejaba
mis dudas.
En el interior
instalé el pudor
que al roce
contactaba con mi piel
fría.
Era intenso todo
el llanto contenido
(ni una queja)
el viento externo
perfecto.
Salté los surcos
arcillosos
al olor del heno
y un asfalto gris
en mis imágenes
de ahí fuera.

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