He tejido con una cuerda
una telaraña fina
inquieta
a salvo de la oquedad profunda
con la intención
de perdurar haciéndome infinita.

En su fondo
escucho el latido
rítmico, inmutable
de cada rocío
posado en la hoja
a través de tu mano
de tus dedos
aquellos que acarician
la mesura del despertar
sin decir nada
callados
estando ahí siempre
en el silencio diario.

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