Si no lo sabes
yo te lo diré,
es semejante a un violinista
frente a las cuerdas
a punto de tocar acordes
ciegos o llenos de entereza
ajenos a una cercanía
subyacente en el olvido.

Ellos, los músicos
acompasan
comprendiendo
la tersura de una mejilla
sin formas,
concentrados murmurando
para aquel que no sabe
y todo lo ignora.

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