Y así la mujer
viose abocada a la elección
habiendo caminado, con pies enjutos
junto a anchos barcos
que no hallaron rumbos.
Perdió un brazo
afloró la cangrena
y con un grito
pidió súplica
sin ver justicia,
aún sigue esperando algo.
Lo frondoso
de los árboles
está todavía por cosechar…

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Ayer surgía a lo lejos
un rito entre la multitud
ella,
ahora amiga del murmullo
seguía con esmero
la fuerza del no se qué, entonces ya no miraba si la otra tenía juntas las rodillas temerosa de haber extraviado su alma, o a su vida, porque bifurcaba el sendero en muchos paisajes. Reflexionaba tercamente para entrar en el ramal equivocado o acertado, pero en realidad, lejos de la mujer de pies enjutos.
Aquel tornado de risas, alcohol y más menesteres desaparecía, acosado por la desidia de unos y otros. ¿Quién había de ser juzgado? ¿quién se alejaba de verdecinas miradas?. Ya la nada, la lamentable tristeza albergaba lo malditamente destruido por tanto… tantos, tantos…

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