Destrozada por el desastre de mi lugar umbilical, desfallezco.

El calor residual se aleja, es menor, es exiguo y tangente, alguien debería poner razón y paz a este lugar
frío y oscuro, delirante. Familiarmente, no existe la comunidad, nadie se queja, ni trata de cambiar las cosas,
permanece el hogar inalterable. Así no continúo, las razones para decir no ya caben en mi mente.

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