Acosada, testigo del constante desaliento
la paradoja de volver a sentir piedad
con tanta reencarnación de por medio
muerdo la madera
que me sabe más a ti
a los palos que me diste
recuerdo el ojo morado
y gritar
¡mamá! ¿por qué?
sí, pienso abandonarte
para luego suicidarme yo lentamente.
Come mis propios hematomas
trata de disimular
que ya no me duelen
y la regla
se acostumbra a no bajar
machácame el cerebro
también el silencio.
POR SI A ALGUIEN LE QUEDA ALGUNA DUDA
YA ESTOY MUERTA
HACE  MUCHO TIEMPO

y mamá ya no viene a hacerme visitas
ni a decirme con los ojos cerrados
ven a mí, pequeña.
Testigo voy siendo de tanto desconcierto que me mancha el vestido,
tal vez sólo piel,
la sábana me cubre por medio
y yo sin traje nuevo para rellenar el ataúd,
voy siendo mejor me dijo a mi misma, aunque tarde olvidé llenar el frigorífico,
hacer su cena preferida y caer al suelo haciendo menos ruido.
Me hubiera gustado que saliera una mano
con fuerza
de mi pecho y que le hubiera dicho con un dedo junto a mis labios, no, por favor,
así, en bajito
y que mi vecina del quinto
tuviera el coraje de venir a protegerme,
estaba tendiendo la ropa o haciendo la compra
en el supermercado.

Yo hoy vendo mi necrótica mirada para que luego digan que está todo caro
hoy yo estoy de oferta, me vendo
gratuitamente
y voy dejando de escuchar

más lamentos incontrolados de mi misma,
con un mudo recuerdo

de quién fui yo.

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