En el diván de Catulo
las erógenas mentalidades
de sus amantes
involucran sibilinamente
a un grupo de visitantes
de los clásicos.
Frente a frente
los cantos
del Carmina Catulli
vociferan más libertinaje
en los actos de pecado.
El cielo y el Olimpo
comparten a virginales aves
el paraíso celestial
y las oraciones
próximas a socorrerse del fuego.

Vendrá Platón entonces
parafraseando a Aristóteles:
el alma y el cuerpo
son elementos recíprocos.

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